«Una buena comunicación familiar previa permite una mejor relación y manejo cuando surge la patología»

 

La psiquiatra infanto-juvenil Maite Piñeiro ofreció una charla sobre salud mental y adolescencia el 18 de octubre en Donostia. Piñeiro abordó la importancia de la comunicación para prevenir determinados trastornos mentales, y facilitó claves para manejar conflictos.

¿Por qué la adolescencia puede ser una etapa especialmente problemática?

En la adolescencia, al confluir cambios de diferentes índoles (biológica, generacional, psicosocial...) se produce un estado de vulnerabilidad importante. La adolescencia marca la transformación del niño en adulto. Se produce el descubrimiento de la identidad psicológica y sexual, y una búsqueda de autonomía individual. Perdemos la idea de quiénes somos y no sabemos lo que seremos. El adolescente se debate entre su deseo de independencia y su realidad de dependencia afectiva.
 
De todas formas, quisiera tranquilizar a los padres que temen la adolescencia. El adolescente no es un extraterrestre; es el mismo hijo que hemos criado hasta entonces. Solo que tiene que descubrir los nuevos códigos de vida, y nosotros con él. Puede ser una etapa extremadamente rica e interesante. Recordemos que una buena comunicación familiar es muy importante para prevenir ciertas patologías en los adolescentes y, sobre todo, para detectarlas pronto y actuar adecuadamente en caso de que aparezcan.
 

¿Qué patologías son más frecuentes en la adolescencia?

La vulnerabilidad que hemos descrito favorece que ciertos trastornos psíquicos sean más frecuentes en la adolescencia: las dificultades de adaptación social, las fobias, el fracaso escolar, los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad. La dificultad del adolescente de elaborar mentalmente puede dar lugar a trastornos de conducta, conductas autolesivas y tentativas de suicidio, así como a adicciones con o sin substancia como los trastornos de conducta alimentaria. También la esquizofrenia puede tener su inicio en esta etapa.
 

¿Qué consejo les darías a los padres o tutores de un adolescente con signos de sufrir algún trastorno mental?

En primer lugar, evitar el funcionar desde la culpabilidad, porque es muy mala consejera. Es importante tranquilizarse y pensar que los padres perfectos solamente existen en nuestra fantasía. Debemos aspirar a ser padres suficientemente buenos, intentando tener empatía con nuestros hijos para entender el proceso de reorganización –o de desorganización si desgraciadamente aparece la patología– del ser en el que se encuentran. Y, por supuesto, es importante rodearse de los profesionales adecuados y establecer un buen vínculo terapéutico y durable con los profesionales.

¿Cómo establecer una buena comunicación con alguien que nos rehúye?

A menudo, los adolescentes tienen dificultades para elaborar y gestionar los conflictos emocionales que tienen y para comunicarlos verbalmente. Por esa razón, es posible que los padres necesiten nuevos códigos para descifrar lo que están sintiendo. La comunicación es un reto y, al mismo tiempo, una experiencia apasionante y creativa para la cual hay que desarrollar flexibilidad, generosidad y confianza en uno mismo. Por ejemplo, es importante saber que los adolescentes pueden manejar un lenguaje propio, como puede ser el de la moda y el de pertenecer a una tribu urbana, o pueden expresarse mejor por escrito, a través de sus blogs o redes sociales. Una comunicación frontal no es fácil y suele ser breve. Por ello, podemos utilizar lo que yo llamo 'comunicación tangencial'. Consiste en transmitir nuestras ideas, experiencias e interpretación de su situación y sentimientos, pero encarnadas en nosotros mismos o de manera indirecta en conversaciones abiertas en la familia. Cuando le contamos algo de nuestro día al adolescente, a este le cuesta menos decirnos cómo le ha ido en el instituto.
 

¿Qué elementos frenan la comunicación?

No es realista el esperar que ellos inicien la conversación o sean capaces de narrarnos sus dificultades. Tenemos que ofrecerles hipótesis, basándonos en nuestra experiencia de adultos. Si focalizamos la conversación en el menor, este se siente interrogado. Por otra parte, es importante recordar que podemos transmitir con
firmeza pero sin enfado. Hemos de ser activos pero pacientes, curiosos pero no invasivos, interesados pero no angustiados; y sobre todo, confiar en nuestras capacidades y en las de nuestros hijos. Esto permite, por lo general, sacar lo mejor de ellos mismos y de nosotros.