La 'terribilitis' y la 'necesititis' nos amargan la vida

 

 

Nekane Azuabarrena, psicóloga de Agifes, nos invita a evaluar las situaciones vitales de manera más constructiva. En la charla ofrecida el pasado mayo en Hernani, compartió con el público claves básicas del best seller 'El arte de no amargarse la vida'.

¿En qué consiste el arte de no amargarse la vida?

El objetivo es entender que lo que nos sucede no produce directamente emociones. Por ejemplo, si creo que «si me abandonan, me deprimo», estoy asumiendo que una cosa lleva automáticamente a la otra. Y no tiene por qué ser así. Los pensamientos funcionan como un filtro que modifica nuestra respuesta emocional y, en consecuencia, nuestra conducta. De hecho, las creencias irracionales nos llevan a exagerar la realidad y son un obstáculo a la hora de resolver los problemas; nos pueden incluso provocar trastornos emocionales. Por ello, el arte de no amargarse la vida consiste en aprender a evaluar lo que nos pasa de una manera más constructiva.

El autor del libro, Rafael Santandreu, señala que en esta sociedad somos víctimas de la «necesititis». ¿Qué podemos hacer para remediarlo?

La mayoría tendemos a convertir nuestros deseos en necesidades, y esas necesidades a menudo nos producen inseguridad, insatisfacción, ansiedad o depresión. Objetivamente, tener una casa en propiedad, pareja, hijos, buena salud o trabajo, por poner algunos ejemplos, no son condiciones indispensables para ser feliz.
 
Por ello, para hacer frente a este sufrimiento, no nos queda otra que aprender a distinguir claramente una necesidad vital de aquella que no lo es.

Santandreu se refiere también a la tendencia generalizada a la «terribilitis»...

Hay muchas personas con una inercia muy marcada a calificar todo como «muy malo» o «terrible». No obstante, «terrible» significa que no voy a poder soportar aquello que me sucede. Al valorar las circunstancias de esta manera tan catastrofista, nos bloqueamos y no podemos enfrentar la realidad.

¿Qué podemos hacer en estos casos?

La comparativa es una herramienta muy útil. Pongamos por caso que has suspendido cinco asignaturas. Si calificas esta circunstancia como «terrible», ¿qué pensarías si te diagnosticaran una enfermedad muy grave? En definitiva, se trata de aprender a evaluar los hechos en su justa medida; ni todo es maravilloso ni todo es horrible. La idea es poner cada cosa en su lugar, aceptar las limitaciones y buscar soluciones que mejoren nuestro bienestar.

Cambiar la forma de pensar no parece sencillo.

Es muy difícil y requiere mucho trabajo. La persona que acude a una terapia cognitiva de este tipo, por ejemplo, tiene que desarrollar muchas tareas, leer, hacer registros de sus experiencias... Es un proceso largo pero beneficioso para nuestra salud mental.

¿Hay demasiados «tendría» y «debería» en nuestra vida?

Muchísimos. Basta con fijarnos un momento en lo que estamos pensando para darnos cuenta de toda la autoexigencia con la que nos machacamos: «Debo hacerlo bien, tendría que ser mejor persona, tengo que hacer esto y lo otro...». También proyectamos esas exigencias en los demás: esperamos que actúen como nosotros pensamos que deberían hacerlo, y nos parece mal que se salgan de nuestro guión. ¿Cómo se aplica el arte de no amargarse la vida en el trabajo diario de Agifes? Trabajamos para aceptar las adversidades y ser felices a pesar de ellas. Queremos potenciar las capacidades de los usuarios, ya que normalmente no las valoran. No vamos a vender la enfermedad mental como un premio de la vida, pero sí transmitir que se puede vivir mejor si uno incorpora la enfermedad a su vida, y ayudarles a entender que no es lo más terrible que les puede pasar.