Mikel Merino, agente de apoyo mutuo: «Es importante transmitir esperanza, porque es posible retomar las riendas de nuestra vida»

 
El programa piloto de apoyo mutuo puesto en marcha por Agifes recientemente está basado en un modelo anglosajón centrado en generar un espacio para el intercambio de experiencias entre una persona que ha tenido un problema de salud mental y otra que está en proceso de recuperación. Este proyecto pionero en Gipuzkoa cuenta con Mikel Merino, quien hasta hace poco fuera usuario de Agifes, como agente de apoyo mutuo encargado de dirigir estas sesiones.

Recientemente has empezado a trabajar para Agifes como agente de apoyo mutuo. ¿De qué trata esta figura?

 
Los programas de apoyo mutuo se basan en que personas que han pasado por dificultades en el ámbito de la salud mental apoyen a otras que están atravesando por un mal momento. Este tipo de apoyo rompe con el rol de paciente-enfermo y se desarrolla en un espacio horizontal de escucha sin juicios. Así, las experiencias de quien decide participar en el programa se reciben con empatía.
 
Es importante que estas vivencias, relacionadas con las dificultades de estar sufriendo problemas psíquicos, las compartamos con alguien que ha vivido situaciones similares y que no nos va a decir lo que tenemos que hacer, sino simplemente escucharnos y aportarnos su propia experiencia del trastorno. Se trata de un abordaje multidisciplinar y colectivo de la salud mental en el que los usuarios pasan al primer plano.
 

¿Cómo has llegado a desempeñar este rol?

 
Para mí fue fundamental participar en el grupo de apoyo para personas con trastorno bipolar de Agifes. Allí vi que algunas personas, que habían asumido mejor que yo el hecho de estar pasando por un problema de salud mental, estaban recuperando un proyecto de vida con un significado. Y, en mi opinión, esa es una posibilidad que a las familias y a las personas que están pasando por enfermedades mentales no se les transmite. Se les dice que es crónico, un problema de por vida; se les cuelga la etiqueta diagnóstica de la que es difícil desprenderse. Entonces me rondaba en la cabeza la idea de transmitir un mensaje más positivo a las personas afectadas, para que no pierdan la esperanza y confíen en que es posible recuperar las riendas de nuestra vida.
 
Así, viendo mi interés por aportar mi visión al colectivo, el psicólogo que me daba apoyo psicológico individualizado en Agifes me habló de un posgrado en salud mental y me animé a realizarlo. En él me hablaron de este modelo, que sobre todo se lleva a cabo en países anglosajones, y después de hacer el trabajo de posgrado sobre este programa, me formé en Granada como agente de apoyo mutuo. Como había sido usuario en la asociación, me pareció una herramienta muy potente que podía ser útil en Agifes. Por ello, me animé a trasladar la propuesta a la gerente y a la junta directiva, quienes decidieron apostar por poner en marcha un programa piloto para que los usuarios de Agifes se beneficiaran de este servicio.
 

¿En qué consiste el programa?

 
Se trata de un proyecto de 5 o 6 meses de duración en el que, aparte de los beneficios intangibles de contar con un espacio de diálogo en confianza, se quieren recoger una serie de indicadores para medir los progresos de la persona que recibe este apoyo a nivel de autoestigma o autoimagen, por poner unos ejemplos. Las sesiones, en las que no existen las etiquetas diagnósticas sino solamente experiencias personales, son reuniones de 45 a 60 minutos y cada participante acude a entre 8 y 10 sesiones. Se podría definir como un encuentro entre personas con similares vivencias, por lo que la conexión entre el agente, que soy yo, y la otra persona es muy fácil por la complicidad que se genera.
 

¿Cómo te has sentido a nivel personal y profesional estos dos primeros meses de trabajo?

La experiencia es súper positiva, porque es una manera de sentirte útil y de pensar que estás aportando tu granito de arena al bienestar de una persona que está pasando por un mal momento. Para mí es algo muy enriquecedor. Que mi dedicación tenga un retorno para los demás me parece muy importante y, en este caso, poder aportar un mínimo a estas personas y a sus familiares, un rayo de esperanza, hace que todo esto merezca la pena. En lo profesional, me he sentido muy arropado por el equipo de Agifes, ya que los psicólogos y la trabajadora social me apoyan y supervisan.
 

¿Qué opinas de la atención que se da en nuestro entorno a la salud mental?

 
En mi humilde opinión, el planteamiento que se hace de la salud mental me parece un poco pobre. Los profesionales de la red de salud mental están saturados; hay un exceso de demanda que se traduce en que te tengan 15 minutos por paciente y te concedan muy pocas citas. Creo que ese no es el camino. El apoyo psicológico se vuelve fundamental cuando pasas por dificultades, y el acceso a un psicólogo es muy difícil. Si yo me planteo aportar algo en el campo de la salud mental es porque Agifes puso a mi disposición los grupos de apoyo para personas con trastorno bipolar y el apoyo psicológico individualizado; dos herramientas de las que no disponen los servicios de salud mental ordinarios. Ahora Agifes ha apostado por el apoyo mutuo, que es una herramienta que tiene éxito en otros países. De hecho, en Estados Unidos hay 24.000 agentes de apoyo mutuo. Tenemos que hacer una reflexión sobre qué modelo de salud mental queremos.
 

¿Qué has aprendido de la enfermedad mental? ¿Te ha aportado algo positivo?

 
Fue importante y significativo el afrontar el problema, el “salir del armario” y compartir esta experiencia con familiares y amigos, porque el esconderlo empeora el sufrimiento. La familia y los amigos no me dieron la espalda, sino todo lo contrario. Los amigos me seguían llamando e insistiendo para que nos viéramos, aunque a mí no me apeteciera, y mi familia no ha dejado de apoyarme en todo momento. Y eso marca un antes y un después, ya que quizá antes no valoraba la importancia de estos lazos en la justa medida.
 
Además, también me sirvió para replantearme mi vida laboral: tras recibir la incapacidad en el trabajo, empecé a reflexionar sobre qué quería hacer en realidad. Entonces decidí que podía dedicar mi energía y mi experiencia a apoyar a las personas que puedan estar pasando por la misma situación que yo pasé.
 

¿Cuáles son tus retos profesionales?

Mi principal reto es contribuir a la mejora de la autoestima de las personas que tenemos problemas de salud mental. En Estados Unidos se visibiliza mucho mejor que aquí lo comunes que son estos trastornos. Famosos como Catherine Z Jones, Bruce Springsteen o Britney Spears hacen uso de su responsabilidad social para admitir que tienen una enfermedad mental y visibilizar una realidad muy habitual. Por ejemplo, Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos famoso por abolir la esclavitud y, en su momento, probablemente la persona más importante del mundo, tenía un diagnóstico de enfermedad mental. Con esto quiero decir que, como colectivo, los límites nos los deberían marcar nuestras propias limitaciones y no los demás.
 
Por otra parte, me gustaría formarme en ‘coaching’, una disciplina cercana al crecimiento personal. Creo que las personas que hemos pasado por un problema de salud mental podemos estar especialmente cualificadas para esta disciplina, ya que hemos experimentado una situación que ha dado origen a un crecimiento postraumático y a una evolución personal.