Verónica Pazos, trabajadora social de Agifes: «Una vivienda tutelada ayuda a desarrollar las habilidades que permiten vivir de forma independiente»

 
Vernónica Pazos nos cuenta los detalles de los recursos residenciales que gestiona Agifes, así como los requerimientos para acceder a los mismos. Actualmente, quedan algunas plazas disponibles en las viviendas de Oiartzun e Irun.

¿Cuántas viviendas tuteladas gestiona actualmente Agifes y en qué localidades? ¿Cuántas personas conviven en ellas?

 
Agifes cuenta, a día de hoy, con nueve pisos tutelados distribuidos por las comarcas de Donostialdea, Oarsoaldea, Bidasoaldea, Tolosaldea, Debabarrena y Urola Garaia. Una de las viviendas es de media supervisión y las ocho restantes, de baja supervisión.
 
Los pisos son compartidos y conviven entre cuatro y diez personas dependiendo de las características del piso. En total, contamos con 50 plazas, y uno de los pisos de Bidasoaldea, situado en el municipio de Irun, es solo para mujeres. El piso de media supervisión es mixto y el resto de pisos son solo para hombres. Actualmente, la vivienda de Oiartzun y una de Irun cuentan con plaza libre para acoger a una persona más.
 

¿A quién está dirigido este servicio y cómo se puede solicitar la residencia en uno de estos recursos?

 
Este recurso residencial va dirigido a personas con enfermedad mental grave y con una dependencia reconocida que están atendidas en la red de salud mental de Osakidetza. Para optar a estos pisos, las personas interesadas también deben tener cierto nivel de autonomía para llevar a cabo las actividades básicas del día a día; en especial, para convivir en los pisos de baja supervisión y tener una actividad diurna estructurada.
 
Otro de los requisitos es tener reconocida la valoración de dependencia, que puede ser solicitada a través de la trabajadora social del centro de salud mental al que acude la persona, o a través de los servicios sociales de base. Una vez reconocida la dependencia, la solicitud para poder acceder a un piso tutelado es dirigida a la Diputación Foral de Gipuzkoa, donde se valora su idoneidad y se asigna o no la plaza. El acceso es voluntario y la persona debe abonar una cuota mensual en función de sus propios ingresos.
 

¿Cuáles son los beneficios de residir en una de estas viviendas y qué objetivos persigue este servicio?

 
Las personas que viven en un piso tutelado cuentan con los apoyos necesarios por parte de educadores sociales y psicólogos para mejorar su calidad de vida, aumentar sus cuotas de autonomía personal y disponer de una vivienda digna y estable. Un piso tutelado es un alojamiento integrado en la comunidad y rodeado de recursos comunitarios que garantizan la inclusión del colectivo en la sociedad. También podemos entender estas viviendas como una posibilidad para que la persona pueda independizarse y prepararse para la vida autónoma.
 

¿En qué consiste el día a día de las personas que residen en los pisos tutelados? ¿Qué actividades grupales e individuales realizan?

 
Las personas que residen en un piso tutelado llevan una vida normalizada: acuden a sus actividades diurnas, realizan las tareas del hogar, conviven con otras personas y tienen el apoyo de educadores sociales durante algunas horas del día. El educador es una figura de apoyo y supervisión que tiene como objetivo cubrir las necesidades de la persona y trabajar aspectos como las actividades básicas de la vida diaria, la autonomía o las habilidades sociales. Además, es quien se encarga de hacer el seguimiento de cada persona.
 
Los usuarios también cuentan con el apoyo de un psicólogo, con quien hacen tutorías, para que dispongan de un espacio personal e individualizado donde poder hablar de la enfermedad, de sus dificultades y marcar objetivos de mejora. El psicólogo es la persona que realiza la coordinación con la familia, los centros de salud mental y otras entidades a las que acude el usuario. En el piso también se realizan actividades grupales como, por ejemplo, asambleas para mejorar la convivencia, proponer mejoras o aportar quejas.
 

¿Qué diferencia existe entre una vivienda tutelada de baja supervisión y una de supervisión media?

 
La gran diferencia entre un piso de baja y otro de media supervisión son las horas de apoyo profesional de las que disponen los usuarios. En una media supervisión, contamos con profesionales de apoyo de lunes a domingo, y por las noches también hay supervisión de un educador social. Además, dadas las características de la vivienda y el perfil de los usuarios, en estos recursos se trabajan áreas de la vida diaria que permiten dotar a los usuarios de mayores herramientas y autonomía para pasar bien a un piso de baja supervisión o bien a la vida
independiente.
 
En cambio, en una vivienda de baja supervisión, los usuarios solamente cuentan con el apoyo del profesional en torno a tres horas diarias, por las tardes y entre semana. Los fines de semana no hay supervisión, pero sí un teléfono de guardia al que pueden llamar. Los usuarios de estos recursos cuentan con un mayor grado de autonomía que los que están en media supervisión.
 

¿Cuánto tiempo pueden residir en estas viviendas? ¿Podría considerarse un aprendizaje y una preparación para poder vivir en un piso independiente no tutelado?

 
No existe un tiempo máximo de estancia en un piso tutelado. Hay personas que llevan cerca de diez años residiendo en el mismo piso; depende de la situación personal de cada uno. El proceso más adecuado sería que una persona con enfermedad mental con ciertas dificultades para poder llevar una vida autónoma e independiente pudiera residir inicialmente en un piso de media supervisión. De ahí a un tiempo, cuando hubiera adquirido mayores herramientas y habilidades, lo ideal sería que pasara a uno de baja supervisión y, a posteriori, que se independizara, como se ha dado en algunos casos.
 
Una vivienda tutelada es una herramienta y un apoyo importante para que la persona con enfermedad mental se dote de las habilidades necesarias y, a medio o largo plazo, pueda lanzarse a vivir de forma autónoma e independiente. Al mismo tiempo, también hay usuarios que, debido al deterioro de la enfermedad, no ven cubiertas sus necesidades básicas en estos pisos. En estos casos, coordinándonos con el centro de salud mental y sus familiares o tutores legales, tramitamos la solicitud de traslado a un recurso residencial más idóneo.