"Deshojando Margaritas"

Marcia Rosin
Martes, 24 Febrero, 2015
Sentado solo, bajo la sombra perdida de un árbol tan lejano como tu consciencia. Una lágrima rodeaba tu sonrisa de inocente y en el juego de tus manos una flor escapaba de tus dedos.
 
Locura” resonó entre las voces, temerosa locura.
 
 ¿Hasta qué límite tu mirada era peligrosa? ¿Desde cuándo loco es el que respira hondo en cada brisa helada o detiene en sus manos el fuego del sol? ¿Qué mente traicionera persigue una ola o atrapa una estrella? ¿Cómo se definió loco al que sonríe sin motivo y cuerdo al que se burla a cada segundo de la muerte?
 
Querían encerrarte, más adentro de lo que ya estabas, privarle al mundo tu simple discurrir de mostrar en la incoherencia de tus palabras la libertad de tus pensamientos. Y sin embargo, tan rectos los otros, encadenados de sus frases, prisioneros de sus gritos acallados. 
 
Yo permanecía sólo a unos pasos de tu cuerpo y sin embargo tan lejos de tus sentimientos, de tu alegría con una vida que a mí me resultaba tan solitaria. ¿Será mejor solo en un mundo propio que rodeado de todo este delirio que acompaña nuestra cobardía diaria?
 
Lentamente me fui acercando a tocar la piedra que señalaba tu mirada y sin levantarla del punto fijo que observabas murmuraste algún sonido que no llegué a entender. 
 
Muy despacio, y distraídamente, me acomodé a tu lado y arrojé la pesadez de mi cabeza sobre el pasto húmedo. 
 
La noche se acercaba y el sueño iba apoderándose de ambos.
 
Permanecimos inmóviles, sólo observando nuestro alrededor, aunque sé que entre las sombras que nos rodeaban no encontrábamos lo mismo. Jamás podría saber en que pensabas, que imágenes insólitas traspasaban tu mente.
 
De pronto, como empujada hacia nuestro sitio, la luz de la luna cayó sobre nosotros y me aplastó a una realidad aún desconocida. Sólo yo sabía que era esa la última noche que pasaríamos en tu bosque de locura. La oscuridad de la noche se hizo corta, la oscuridad del encierro prematuro e incontrolable fue eterna. 
 
Quedaste allí, encarcelado en una jaula de consciencia impuesta, aquella por vos tan indeseable. Creyeron que querrías ser quienes ellos querían que fueras, otro como yo, disfrazado, corregido. Yo volví a cuestionarme: ¿Acaso, dónde se halla oculta la locura? ¿En tu mente de fantasías y realidades imaginarias o en este mundo de tránsito atemorizado? 
 
Solo, solo sentado bajo la sombra de un árbol blanco que dibujas con tu mirada en la pared, aún tan lejano como tu consciencia. Una lágrima rodea tu sonrisa de inocente y en el juego de tus manos, que ahora intentan escapar, tus sogas gritan de dolor.
 
Ya no había brisa, ya no había flor, pero aún, acorazado tu cuerpo, tu alma seguía libre. Tu alma aún se encuentra recostada bajo el árbol sin miedos, aún persigue la ola, aún atrapa la estrella, aún besa la luna, aún baila y se ríe burlona de la locura de afuera, de los que caminan sin paso, de los que hablan sin voz. 
 
Tu fuerza fue mayor y tu esperanza el impulso de mi rebeldía.
  
Sentada sola, bajo la sombra perdida de un árbol tan lejano como mi consciencia. Una lágrima rodea mi sonrisa de inocente y en el juego de mis manos… una flor escapa de mis dedos.