Familiares

 

Una de cada cuatro familias tiene un miembro con enfermedad mental, y no olvidemos que un entorno familiar adecuado y tranquilo es muy importante en la recuperación de una patología mental. Por eso es importante que también la familia reciba soporte por parte de los profesionales y los servicios de salud mental.

Alteraciones que provoca la enfermedad mental en las familias

La aparición de la salud mental en un miembro de una familia puede provocar alteraciones en las dinámicas familiares, preocupaciones, expresión de sentimientos de rabia, culpa, responsabilidad, negación…

La vida familiar se ve afectada. Pueden surgir situaciones de dificultad económica, desavenencias familiares, desmoralización, así como alejamiento de vecinos y familiares.

También pueden aparecer manifestaciones clínicas en los familiares, como ansiedad, altos niveles de estrés, depresión, frustración, cólera, tristeza…

Una consecuencia indirecta de la enfermedad mental grave es que puede tener un impacto negativo en la salud de los cuidadores, tanto física como mentalmente. Por eso es tan importante que los miembros de la familia consigan el apoyo que necesitan, de forma que puedan realizar un mejor cuidado de sus seres queridos

Reacciones familiares más frecuentes

  • Miedo: Viene determinado por la profundidad y severidad de los síntomas. Pueden aparecer conductas inapropiadas o extravagantes, falsas creencia, retraimiento social, irritabilidad y a veces violencia.
  • Rechazo: los familiares tienen dificultades para disfrutar vacaciones, tener una rutina de sueño adecuada, mantener una vida social, y rechazan la situación.
  • Evitación.
  • Segregación.
  • Compasión.
  • Sobreprotección.

Actitudes negativas que recibe la persona con enfermedad mental de su familia

  • Comentarios despectivos.
  • Consejos desalentadores.
  • Comportamiento de rechazo.
  • No dar consejos prácticos.
  • La persona con enfermedad se siente ignorada.
  • Le hacen sentir culpable.
  • Sobreprotección.

Estrategias para ayudar a las familias

  • No culpabilizarse.
  • Establecer y fijar las metas para sí mismo.
  • Reconocer y establecer los límites entre sí mismo y el paciente.
  • Buscar caminos de escape, como diversiones, lectura, deportes…
  • Reunirse con personas que refuercen su autoestima.
  • Buscar ayuda profesional.
  • Conocer todo lo posible la enfermedad: síntomas, factores de riesgo, medicación, tratamientos psicológicos…

Necesidades emocionales de los cuidadores familiares

  • Tómese el tiempo para relajarse todos los días y aprender a regular usted mismo cuando comience a sentirse abrumado.
  • Mantenga un diario, escriba sus pensamientos y sentimientos. Le dará perspectiva y podrá liberar sentimientos fuertes.
  • Hable con alguien para darle sentido a su situación y sus sentimientos.
  • Explore sus creencias, aunque no sea una persona religiosa, para darle un sentido a su vida y a su papel como cuidador.
  • Tenga cuidado con los signos de la depresión.
  • Esté atento a las señales de advertencia de estrés del cuidador: emocionales (ira, incapacidad para concentrarse, tristeza y llanto periódico, frecuentes cambios de humor…), físicos (postura encorvada, cefaleas tensionales, sudor en las palmas de las manos,  dolor en el cuello, dolor de espalda crónico, aumento o pérdida de peso,  problemas con el sueño..), conductuales (reacciones exageradas, actuar por impulso, uso de alcohol o drogas, retirarse de las relaciones…).

Las siete actitudes positivas del cuidador

  • Descanse cada día lo suficiente: si usted enferma, será peor.
  • Evite el alcohol para animarse.
  • Haga todo lo que pueda para conservar su propia salud.
  • No se aísle: continúe quedando con amigos, acuda a reuniones sociales…
  • Procure mantener alguna de las actividades que siempre le han gustado.
  • La risa, el amor y la alegría son fundamentales para su bienestar y para su vida con el enfermo.
  • Procúrese un tiempo semanal para usted.