Expertos internacionales debaten en Donostia sobre la polémica en torno al DSM-5

Los cambios introducidos en la clasificación de las enfermedades mentales con la publicación del DSM-5 han suscitado una fuerte polémica, sobre todo entre psiquiatras y psicólogos. El pasado 19 de julio, en el marco del 12º Congreso Europeo de Evaluación Psicológica celebrado en San Sebastián, tuvo lugar una mesa redonda sobre este tema. La propia presidenta del congreso, Itziar Alonso-Arbiol, expresó que el principal problema de esta nueva clasificación es que, al tener que cumplirse un menor número de criterios para el diagnóstico positivo, “más personas recibirán una categoría diagnóstica”, lo que desembocaría en una “excesiva medicalización de la sociedad”.

La Asociación Americana de Psiquiatría presentó oficialmente el pasado mes de mayo la última versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), conocido como DSM-5. En relación con la anterior versión (DSM-IV-R), publicada en 1994, el DSM-5 incluye cambios asociados a la organización de los trastornos dentro del manual, basando su exposición en relación con su aparición en el ciclo vital, esto es, los trastornos del desarrollo primero y los neurocognitivos al final.
 
Uno de los principales motivos de discordia es la desaparición de los denominados “ejes clasificatorios”, con lo que los trastornos de personalidad (eje 2) pasan a ser considerados de la misma manera que los trastornos clínicos (eje 1). Ello implica un cambio en la evaluación de estos últimos trastornos, que adquieren mayor protagonismo. 
 
En la mesa redonda tomaron parte Thomas Widiger (Kentucky University, USA), Antonio Godoy (Universidad de Málaga), Laurence Claes (Catholic University of Leuven, Bélgica), María Crespo (Universidad Complutense de Madrid), Saioa López Zurbano (Hospital Universitario de Alava) y Rocío Fernández-Ballesteros (Universidad Autónoma de Madrid). 
 
Tom Widiger, experto en trastornos de personalidad, analizó el cambio de clasificación de esas patologías, desde un planteamiento categórico a uno dimensional. En su opinión, ya no será suficiente una visión continua, sino que el profesional deberá establecer un diagnóstico positivo o negativo del trastorno. 
 
Widiger reforzó la necesidad de tener un manual diagnóstico para que “todos hablemos el mismo idioma”, pero destacó la falta de conexión de la comisión con la comunicación científica y profesional, hasta el punto de que no se hubieran dado cuenta de las consecuencias sociales de lo que estaban planteando si no se hubiera producido una notable reacción en Internet.
 
Por su parte, el doctor Godoy insistió en que hay que entender que el DSMV es un sistema de diagnóstico, mientras que la comunidad científica lo está considerando como un manual nosológico o psicopatológico. Puso como ejemplo que “tener alucinaciones es un criterio para diagnosticar una esquizofrenia, pero no es suficiente”.
 
De igual forma, la doctora Claes se centró en la falta de rigor de los criterios clínicos. Como ejemplo positivo, aplaudió que en los trastornos de la alimentación se haya quitado la intencionalidad del sujeto, pero fue muy crítica con la falta de validez de cara al tratamiento de este manual y con el impacto de la financiación en investigaciones concretas. Además, realizó tres propuestas: hacer una revisión del manual científicamente, medir los riesgos y beneficios de nuevos diagnósticos y apostar por un libro elaborado desde la evidencia y no desde “otras razones”.
 
Por su parte, la doctora Crespo se centró en el trastorno postraumático y su aplicación diagnóstica. Criticó que no se tengan en cuenta la vulnerabilidad y los factores de residencia, y también apuntó que aunque la relación causal en un diagnóstico como este es obvia, a veces no es suficiente para explicarlo. Puso como ejemplo que en muchas personas diagnosticables los criterios no son más que parte de su recuperación, e incidió en que la patologización de estas personas puede provocar su estigmatización. 
 
Por último la doctora López analizó el “trastorno de desregulación disruptiva” del nuevo DSMV para los niños, que caracteriza a los niños "con irritabilidad persistente y frecuentes episodios de descontrol de conducta (rabietas), tres o más veces a la semana durante más de un año".  En su intervención, censuró la falta de estudios y el insuficiente rigor científico del manual, aunque entendió que los nuevos diagnósticos son necesarios para poder recibir tratamiento.

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