Georges Escribano: “En nuestra sociedad hemos aprendido a no expresar ciertas emociones”

El psicosociónomo Georges Escribano, director de los centros Eric Berne de Barcelona y Centre Européen de Psychologie, impartió el 14 de octubre la conferencia ‘Bienestar emocional para una salud general’ en Ibiltzen Benta Berri, en el marco de las jornadas organizadas en torno al Día Mundial de la Salud Mental.

Escribano explicó que en la infancia, en el trabajo y en los diversos contextos sociales en los que nos desarrollamos “no se nos permite mostrar ciertas emociones, como en ocasiones la rabia o el miedo, por lo que hemos aprendido a arrinconarlas en nuestro interior y reemplazarlas por otras que sí son aceptadas en nuestro entorno familiar o social”.

El experto ilustró al público con el ejemplo de un niño perteneciente a una familia que no tolera las expresiones de miedo. El pequeño, caminando solo por la calle, se cruza con un perro con actitud amenazante y escapa. Pero al contárselo a su padre, éste le responde con que “los chicos no tienen miedo” y que la próxima vez le dé “una patada al animal”. Es decir, instó al niño a transformar la emoción del miedo en violencia. Circunstancias como ésta, en palabras de Escribano, hacen que los niños se acostumbren a vetar ciertas emociones para ganarse el “amor de sus padres y, por extensión, de la sociedad”.

Así es como se produce una “perversión de las emociones”, cuando un sentimiento “auténtico” cambia de nivel y se convierte en “parásito”. La presión interna que ejercen las emociones no expresadas, en determinados casos, puede derivar en “enfermedades físicas, depresión, drogodependencia y alcoholismo, incluso en enfermedades mentales”, aseguró Escribano. En ese sentido, dirigiéndose a los familiares de personas con enfermedad mental, aseguró que “la mayoría de padres y madres educan a sus hijos lo mejor que saben”, por lo que hizo hincapié en que “es importante no culpabilizarse” y “tomar conciencia de la interdependencia”, es decir, la responsabilidad compartida que nos vincula a todos los seres humanos y círculos sociales. Al hilo de la cuestión, el psicólogo docente de la Universidad Sigmund Freud de París subrayó que abandonar el sentimiento de culpa ayuda a “entender al otro y apoyarle”.

Escribano es uno de los pioneros en la teoría de la personalidad denominada Psicosocionomía, que parte del postulado de que la persona es un conjunto biológico, psicológico, social y económico indisociable; es decir, un ser psico-socio-económico. Tal y como explicó el experto, esta disciplina ha surgido de la investigación en torno al motivo por el que “actualmente las organizaciones son un lugar de alienación en vez de un espacio para el crecimiento profesional y personal”. Precisamente, Escribano está impartiendo estos días, desde el 13 hasta el 15 de octubre en Ibiltzen Benta Berri, un seminario sobre Psicosocionomía para dar a conocer los método de intervención que ofrece esta teoría para lograr el buen funcionamiento de las organizaciones.

Circuito de las emociones
Para facilitar la comprensión del funcionamiento de las emociones, el ponente expuso el ciclo que completan las mismas, desde el surgimiento de una necesidad hasta la satisfacción de la misma. En primer lugar, se produce un estímulo interno o externo que activa una sensación o emoción. Eso que está sucediendo adquiere un significado específico para el individuo que lo está experimentando, condicionado por las ideas y emociones del propio sujeto acerca de la cuestión; y finalmente, éste adopta una conducta concreta orientada a dar una respuesta efectiva a la situación. Por ejemplo, ante un peligro real, una respuesta adecuada sería sentir miedo y, en consecuencia, huir o pedir ayuda.

El psicólogo distinguió entre las “reacciones primitivas”, que responden automáticamente a una situación como sería el caso de la huida, atendiendo al supuesto anterior; y las “reacciones sociales evolucionadas”, que se producen una vez que se ha elaborado cognitivamente la situación, como en el caso de quien pide auxilio o apoyo ante un determinado problema.

No obstante, no siempre se completa satisfactoriamente el proceso anteriormente descrito, porque en muchas ocasiones el sujeto no da cauce a la emoción original, como en el ejemplo del niño que aprende a expresar rabia frente a un perro agresivo en lugar de miedo. En esos casos no se libera la carga energética que conlleva la emoción reprimida y no se alcanza la satisfacción de la necesidad verdadera, lo que puede dar lugar a diversos problemas.

“El cambio viene de la aceptación de la realidad”
Georges Escribano sostuvo que muchos conflictos y problemas de comunicación que suceden entre las personas podrían solucionarse con la aceptación de que “el otro pueda pensar o sentir de manera distinta a la nuestra, porque tenga otra experiencia de vida. A partir de aceptar las diferencias, podemos negociar con el otro y reelaborar el vínculo que nos une o zanjarlo, si así lo requiere la situación”. A su juicio, “es necesaria la aceptación incondicional de uno mismo y de los demás” para poder entablar relaciones sanas.

Con el fin de buscar una solución al sufrimiento causado por las emociones no canalizadas correctamente, el psicólogo sugirió prestar atención a las sensaciones y sentimientos para “reconocer la emoción concreta y observar si está justificada, si tiene relación con lo que está sucediendo”. Así, se refirió también a la ayuda que pueden brindar los profesionales adecuadamente formados a la hora de cuestionar las emociones y pensamientos que surgen en torno a un hecho. Del mismo modo, opinó que sería “ideal que los médicos no sólo tuvieran en cuenta la dimensión fisiológica de los pacientes, sino también la carga psicológica” que soportan, puesto que ambas esferas están “estrechamente relacionadas”.

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