Josune Alkorta, miembro del Comité en Primera Persona de Agifes: «Ser enfermo te condena a la pasividad, a recibir. Ser paciente, a la espera. No. Puedes hacer cosas. ¡Arriba!»

Josune Alkorta es una de las cerca de diez personas que forman el Comité en Primera Persona de Agifes. Profesora de educación primaria y terapeuta corporal, uno de sus objetivos es estudiar Psicología y ahondar en la salud mental desde una faceta académica y profesional. Desde la faceta personal conoce el sufrimiento psíquico de cerca. Tras dos ingresos voluntarios en una unidad de salud mental, la injusticia de ciertas vivencias le ha llevado a querer luchar por los derechos del colectivo, militancia que pretende desarrollar en este grupo.
 

¿Cómo has llegado al Comité en Primera Persona de Agifes?

En noviembre del año pasado empecé a acudir al Programa de Apoyo Mutuo, dirigido por Mikel Merino. En nuestras conversaciones hablábamos de todo lo que se podría cambiar y de todo lo que todavía queda por hacer en el campo de la salud mental. Él pertenecía al Comité en Primera Persona de Fedeafes y, cuando junto con los responsables de la asociación acordó poner en marcha un comité en Agifes, me propuso unirme al grupo. En mi opinión, el Programa de Apoyo Mutuo ha provocado una toma de conciencia interna, de forma que varios usuarios se están animando a aportar ideas y presentar propuestas en la asociación. Un cambio de paradigma importante para empoderar a las personas y mejorar su autoestima. Me han diagnosticado, pero no dejo de existir ni de valer.
 

¿Qué te llevó a querer formar parte de este grupo?

Hay miembros que tienen una motivación más lúdica, con intención de organizar quedadas y de hacer planes de cuadrilla, lo cual está muy bien y es comprensible, porque cuando tienes un problema de salud mental muchas veces te aíslas o te aíslan, y te encuentras sin red social. 
 
En mi caso, la motivación surge, sobre todo, de ver y vivir situaciones del todo inhumanas, inconstitucionales. De hecho, Naciones Unidas sugiere que ciertas “prácticas médicas” que se llevan a cabo en el Estado español pueden ser constitutivas de tortura y mal trato. Por ejemplo, las medidas coercitivas como la sobre medicación, las contenciones mecánicas… es decir, doblegar la voluntad de la persona.
 
Me encanta socializar, pero tengo muy claro que mi objetivo en el comité es luchar contra este tipo de prácticas, que encarnan un claro abuso de poder. Si puedo evitar que una sola persona pase por ello, habré cumplido mi meta. 
 
También habría que crear un decálogo de derechos para los pacientes psiquiátricos, ya que cuando estás ingresado no tienes derechos. Te anulan como persona y te tratan como si fueras un niño de dos años. Ni siquiera puedes interponer una reclamación cuando estás ingresado. ¿Podéis imaginaros estar ingresado en cualquier otra área y que no os permitan ejercer el derecho a la defensa de vuestros derechos?
 

¿Qué temas habéis tratado en las primeras reuniones?

Hemos hablado de temas como el estigma y la terminología que utilizamos para referirnos a las personas de nuestro propio colectivo. El estigma del que somos objeto proviene del miedo y del desconocimiento, de una visión reduccionista, injusta y poco empática de las personas que sufrimos problemas de salud mental. Algunas noticias son directamente irrespetuosas, no cumplen con la protección de datos y cargan al colectivo de culpabilidad. ¿Dónde están la integración y la normalización? Se debería acercar a la sociedad una visión más real y compleja de estos problemas.
 
A este respecto, consideramos que las palabras que se emplean y que nosotros mismos empleamos para describir al colectivo tienen importancia, porque pueden obstaculizar o contribuir al empoderamiento. A algunos no nos gusta la palabra “enfermo” o “enfermedad mental” porque nos condena a la pasividad, a esperar una solución. Si eres paciente, esperas. Es una visión biologicista que elimina tus vivencias y tu contexto. Y justamente hay que fomentar el mensaje de que tú puedes. Eres proactivo. Puedes hacer cosas. ¡Arriba! Por eso, yo, por ejemplo, prefiero el término “sufrimiento psíquico”, porque sufrimiento, que no “malestar psíquico”, que es demasiado suave, contempla el tiempo, la intensidad y la huella que deja esta experiencia.

 

¿Qué te ha ayudado en tu proceso de recuperación?

Sin ciertas personas no estaría como estoy y me gustaría recalcar que no es por el tratamiento médico, sino por la red de personas que me han ayudado. La base de la terapia es el vínculo. He tenido la suerte de contar con la ayuda de profesionales con formación, pero que sobre todo eran grandes personas con un gran corazón. En mis malos momentos yo tenía la sensación de no reconocerme, me echaba de menos a mí misma. De ser muy sociable pasé al aislamiento total. Pero Agifes, con todos los servicios que oferta, ha sido fundamental en mi recuperación. Miriam, la educadora que viene a mi casa cuatro días a la semana, y Mikel me han hecho ver la luz en la oscuridad. Mi hermana y mi ex pareja también han sido fundamentales, al igual que Javier Bravo, mi psicólogo privado, Iker, el psicólogo de Agifes, y mis amigos incondicionales. También estoy agradecida a mi Centro de Salud Mental y a Diputación por los servicios prestados.

 

¿Ideas para la próxima reunión?

Visitar a los ingresados en unidades de salud mental que no tienen una red social me parece una idea que podríamos desarrollar. O poner en marcha una línea telefónica para hablar con personas que están pasando por un momento de crisis. También considero que se podrían organizar charlas o repartir folletos en los centros de salud o en los recursos de salud mental. Que las propias personas con problemas de salud mental ofreciéramos charlas a niños o adolescentes también es uno de nuestros objetivos, y a mí, por mi experiencia laboral como profesora, me gustaría poder llevarlo a cabo. De momento, nuestros "deberes” para septiembre han sido reflexionar en torno a cómo nos gustaría denominar al colectivo y a las personas que sufren un problema de salud mental.