"Mi vida ha cambiado totalmente desde que empecé a escuchar a mi inconsciente"

Vicente Rubio (Villena, Alicante, 1971) tenía un sueño: encontrar al amor de su vida. Y fruto de su incansable empeño, lo consiguió. Pero antes tuvo enfrentarse a un arduo peregrinaje interior, que lo atrapó en fantasías mesiánicas que le condujeron a la pérdida de contacto con la realidad y a la esquizofrenia paranoide. El documental ‘Solo’ (2010) narra su hundimiento y resurrección.

Su aventura existencial en busca del amor desembocó en un ingreso psiquiátrico. ¿Cómo sucedió?
Mi entrega a la realidad espiritual que yo sentía y quería transmitir a la sociedad fue in crescendo. Fui poco a poco dando mayor rienda suelta a mis percepciones y llegó un punto en el que necesité exteriorizarlas. Inicié la grabación del documental el 31 de diciembre de 2002 y a los nueve meses, en septiembre, comencé a compartir mi experiencia con la familia. Al principio dudaban de lo que les contaba, porque introduje el tema de una manera suave. Les hablaba de energía y espiritualidad, conceptos que se asocian normalmente a culturas orientales, y ellos lo aceptaban, aunque me advertían de no implicarme demasiado en esas creencias. Pero yo cada vez las vivía con mayor intensidad. Un día quise terminar con esa confusión que me producían mis vicencias transcendentales, no veía otra salida que el ingreso psiquiátrico, y decidí estamparme contra la pared de mi casa.

Esos nueve meses de búsqueda de su alma gemela los pasó entre dos mundos, el plano espiritual y la realidad compartida.
Y era completamente consciente de esa dualidad. Por un lado, llevaba una vida normal con mi familia y amigos, y por otro, me rendía cada vez más a mi mundo de fantasía.

¿Hoy en día, rescata algo de esa dimensión en la que estaba inmerso, o considera que todo eran delirios?
Las creencias, las sigo manteniendo. Creo en la espiritualidad, en la energía, en que somos algo más que un cuerpo físico. Pero todo ese tipo de ideas que tenía en aquél momento las asocio a un desequilibrio que me produjo mi entrega total a ese mundo que yo percibía. Abandonaba mi yo terrenal, lo pragmático, el presente. Ahora, continúo experimentando con la energía mediante el Chi Kung, pero lo hago de manera guiada y compartida.

En el documental se comparan las alucinaciones con el soñar despierto; se entiende que las angustias, conflictos y necesidades internas se manifiestan a través de la paranoia.
Los delirios tienen mucho que ver con los sueños, en el sentido de que es el inconsciente el que habla. No es fácil interpretar bien esos mensajes, requiere un amplio conocimiento de uno mismo. No obstante, comprender las carencias afectivas, miedos y angustias que hay detrás de las fantasías y darles respuesta conduce al camino de la sanación.

¿Ha sido ese su camino?
Lo ha sido y lo sigue siendo. Mi vida ha cambiado totalmente desde que empecé a escuchar a mi inconsciente, a conocer mis necesidades vitales.

¿Qué es lo que más le ha ayudado a salir adelante?
Por un lado, el tomar consciencia de lo que me ha pasado y entender la enfermedad. El compararlo con el “soñar despierto” me ha ayudado a quitarle dramatismo y peso a mi experiencia. También es fundamental tener un proyecto de vida, una ilusión por vivir, un motivo para levantarte cada mañana. Y, sobre todo, la confianza que tengo en mi familia y amigos, la entrega mutua.

‘Solo’ es también una crítica a la “enajenación social”, a otras formas de locura que gozan de mayor aceptación que la enfermedad mental.
Pretendo cuestionar qué es la locura. Vivimos hipotecados, obligados a cumplir con jornadas laborales larguísimas que nos impiden prestar atención al sufrimiento que causamos a otros para nuestro beneficio económico y material. ¿Esa indiferencia hacia el dolor ajeno, no es locura? Consideramos demente poner de manifiesto la creencia en una realidad espiritual, como en mi caso; en cambio, no nos escandaliza el egoísmo y el desinterés que gobierna nuestro día a día.

Cuando emprendió su periplo existencial, ansiaba mostrar a la humanidad el acceso a la dimensión del amor. ¿Tiene algún sentido ese propósito en su vida actual?
Nací soñador y lo sigo siendo. Mantengo esa ingenuidad, sigo creyendo en la dimensión del amor, aunque de una manera más pragmática, sin dejarme arrastrar por las quimeras. Actualmente, me lo planteo como una meta personal de cambiarme a mí mismo. Eso es lo primero.

¿Esperaba que tuviera tanto éxito su trabajo?
Lo hice con toda la ilusión del mundo. Es un proyecto muy personal, muy íntimo, y ha logrado una amplia repercusión entre el colectivo y profesionales de la salud mental. Aún así, mi intención era enfocar el documental, sobre todo, al público general, ya que muestra la enfermedad de forma didáctica y está orientado a romper mitos. Por lo que espero que con el tiempo vaya alcanzando un mayor impacto en la sociedad.

¿Tiene nuevos proyectos en mente?
Sí, tengo infinidad de trabajos entre manos y estoy ilusionado con poder ir materializándolos poco a poco, aunque para ello necesito recaudar financiación y aglutinar esfuerzos. Entre otros, he ideado un proyecto, titulado “Soñadores”, que se compone de nueve reportajes sobre salud mental, y también tengo pensado filmar un largometraje de ficción con unos amigos.

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