Síntomas generales de la depresión

 
 
La tristeza, la melancolía, la infelicidad o la irritabilidad son algunas de las sensaciones que hemos experimentado todos alguna vez. Sin embargo, cuando estas sensaciones perduran en el tiempo e interfieren en nuestras actividades diarias, tal vez lo que estamos padeciendo no sea una simple melancolía. Quizá se trate de depresión.
 
La depresión es un trastorno emocional que causa sentimientos de tristeza y desinterés a la hora de realizar actividades que antes nos gustaban. Puede llegar a aparecer en cualquier momento de nuestras vidas o a cualquier edad: en adolescentes, adultos y personas de la tercera edad. 
 
Esta enfermedad afecta a los pensamientos y al comportamiento de las personas, y puede llegar a causar problemas físicos y emocionales, hasta tal punto de que lleguemos a pensar que vivir no merece la pena. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), dentro de la Unión Europea 18,4 millones personas de entre 18 y 65 años la padecen.
 
Síntomas emocionales 
El problema de la depresión es que nunca aparece bruscamente. La tristeza, la ansiedad, el vacío o la desesperanza provocados por ella aparecen de forma gradual y van quedándose en nuestras vidas. Casi sin darnos cuenta, la enfermedad nos somete a un estado de tristeza casi crónica que nos impide realizar actividades de lo más cotidianas, como cuidar de nuestros hijos, disfrutar de nuestras amistades o prepararnos para salir. 
 
Las personas que padecen depresión suelen experimentar una serie de síntomas que nos advierten de su bajo estado de ánimo y suelen manifestar una pérdida de interés o placer por la vida. Si a esto le añadimos el cansancio o la falta de energía a la hora de realizar pequeñas tareas, suele ser bastante corriente que la depresión no nos deje ni siquiera salir de la cama. 
 
Los sentimientos de tristeza, las ganas de llorar y el sentimiento de desesperanza también se manifiestan con asiduidad en casos de depresión. Suelen venir acompañados de arrebatos de enojo, irritabilidad y frustración. Con tantos sentimientos negativos en nuestra mente, es comprensible que las personas que padecen depresión tengan dificultades para pensar, concentrarse, tomar decisiones e incluso recordar cosas. 
 
Por otro lado, los sentimientos de inutilidad o culpa, y los reproches a uno mismo por hechos ocurridos en el pasado, son síntomas muy comunes entre las personas que padecen depresión. La irritabilidad, la pérdida de confianza en uno mismo o la incapacidad de disfrutar son sensaciones que también pueden formar parte de un cuadro depresivo. 
 
Síntomas físicos 
Además de los síntomas emocionales, el trastorno también provoca síntomas físicos. Los dolores de cabeza y de espalda son muy comunes, sobre todo debido a la tensión y sensación de angustia que experimentan los afectados. Cuando la depresión viene acompañada de ansiedad, podemos experimentar dolores en el pecho o incluso problemas de corazón. 
 
Y precisamente, debido a la ansiedad, son muy comunes los problemas del sueño, ya que es muy habitual que las personas con depresión necesiten horas para conciliar el sueño o se levanten muy temprano por la mañana. Ligado a ello aparecen el cansancio y la fatiga, aunque  al margen de las horas de sueño, la persona siempre se encuentra cansada y con muy poca energía para hacerle frente a su día a día. Otros de los síntomas físicos son los cambios en el apetito o en el peso. Así como algunas personas comienzan a ingerir determinados alimentos en exceso, otras pierden peso y apetito. 
 
Prevención y tratamiento
Las investigaciones en el ámbito de la bioquímica han demostrado que las personas que padecen depresión tienen altos niveles de una hormona denominada cortisol. Los altos niveles de la misma podrían tener un motivo hereditario. Sin embargo, las causas no-hereditarias de la depresión pueden ser infinitas: pérdida de un ser querido, falta de capacidad de adaptación, elevados niveles de ansiedad en el trabajo, debido a una enfermedad, etc. 
 
Sea cual sea el tipo de depresión sufrida la solución no es rápida, y se necesita paciencia y ayuda. Lo ideal sería abordar el problema desde múltiples perspectivas: la psicoterapia, la psicofarmacología, la ayuda de familiares y amigos, los cuidados corporales y las actividades laborales, sociales y de formación, entre otros abordajes.